A ponernos serios un momento

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Un post demasiado serio para melasudas, pero aun así lo pondré. Los que vais a estudiar al campus de la Merced de vez en cuando, entenderéis pronto de que va. Los demás...

LUTO EN EL AULA 01

ÉL estaba allí mi primera noche de estudio en Aulario de la Merced y según descubrí poco después, llevaba ya arrancadas bastantes hojas del calendario por aquel entonces…

No me fijé hasta unas semanas más tarde. Había estado observándome con cuidado para ver quien era. Debió pensar que tenía futuro en aquello de mezclar nocturnidad, tubos fluorescentes y fotocopias a dos caras. Acertó de lleno con el pronóstico y vino a darse a conocer esa noche, durante un descanso de los de banco alejado y café capuchino.

Más bien pequeño, vestía de negro y parecía cansado, con la lengua fuera. Normal, pensé después de ver los esfuerzos que hacía para caminar. Una vez delante de mí, observé que en la mirada le repetían viejas convocatorias de exámenes que yo no había vivido. Era el nuevo, así que me quedé quieto. Estuvo curioseándome un buen rato y entonces lo entendí: venía a presentarse. Y no pensaba decir palabra en absoluto.

Tras ese encuentro, surgieron los interrogantes: de dónde había salido, qué hacía tanto tiempo en ese lugar… Ni siquiera conocía su nombre, si bien es cierto que jamás se lo llegué a preguntar. Entraba a clase de vez en cuando (su favorita era la sala grande de la planta baja), dormitaba más que estudiaba y era de los que prefería el aire fresco antes que una pila de apuntes por ojear. Pero a pesar de ser peculiar, tardé en darme cuenta de lo más importante. Un detalle que estaba ahí, pero en el que no había caído: NUNCA le pasabas falta. Era el compañero de aulario anónimo con el que sostienes interminables jornadas de estudio examen tras examen, año tras año, al cual te encuentras habitualmente durante largas temporadas y un día, dejas de ver… así de sencillo. Un día deja de ocurrir que sabes dónde se va a colocar esa noche y a qué hora se marchará a su casa.

Escuché hace poco discutir a dos catedráticos sobre el tiempo que llevaban en el campus. Sorpresa la mía al ver que, cuando afirmaban que el miembro más veterano de la Universidad de Murcia era tal o cual, no se tenía en cuenta al protagonista de esta historia. Y es que en años de facultad a las espaldas, nuestro amigo era un emérito y ganaba a todos los demás (Entiéndase, la vieja teoría de que envejecen siete años por cada año humano). Pero Barón no era de alardear: movía la cola, que no la lengua. Hablaba con los silencios me gusta pensar. Como también me gusta pensar que al igual que en la película… Todos los perros van al cielo.

5 comentarios:

Esqueletor dijo...

Muy grande , hasta siempre varon . Mi foto del solis en mi carpeta no podra llenar el vacio que dejaste en el aulario.

Me has dejado un recuerod y una incognita.Recuerdo tu olor , y cuando venias a pedirme bocadillo , ¿ como podias saber a quien tenias que pedirle y a quien no ? (Eureka heuristica)

Luis dijo...

Puto perro cojo

Sometimes Inviting Eyes dijo...

Me ha gustado mucho, gracias por relatar de esa forma las noches y los ratos de café que muchos hemos vivido, y saber que Barón no hacía distinciones, que todos tenemos grandes momentos así en los que rara vez nos hemos parado a pensar. Ciaooo

Anónimo dijo...

ah, me ha llegado al alma no aparecer en los créditos por mi VITAL colaboración.

vital.

el chico ostra.

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