Añoralgias
| | 17 comentarios
- Hijo mío, ¿tú cómo te llamas?
- Me llamo Eneas, padre.
- Qué casualidad, como mi hijo Aquiles.
- Es que los hijos de ahora no son como los de antes. Antes eran otros tiempos. Recuerdo que podías ir a un bar con tres mil pesetas y salir con tres mil pesetas después de no haber comido nada en absoluto.
- Menudos eran aquellos restaurantes.
- Menudísimos. De tres centímetros cúbicos cada uno, sin contar el postre.
- Los postres de antaño... Se cocinaban a fuego muy lento, lentísimo. La mayoría de las veces llegaba tarde y teníamos que empezar el baile sin él.
- Padre...
- Dígame, señor vizconde.
- ¿Usted vivió la Guerra de la Independencia?
- Sí, varias veces. La última vez estuvimos a punto de independizarnos, pero el Rey Alfonso III el Tercero no pudo venir y tuvimos que tirar todo el melocotón en almíbar.
- Pues menos mal, porque a mí me gustan los toros más que a nadie.
- Menudos toros. De tres centímetros cúbicos cada uno, sin contar el postre.
- Tenían incluso cuernos. Y volante, pero eran volantes médicos y no conducían a ninguna parte.
- Mira, hijo, ahí has estado bien. Ese juego de palabras me ha gustado. Lo voy a apuntar antes de que se acabe este post.
- El post se acabó hace un rato, doña Inés. Esto son los anuncios.
- Y dime, Gertrudis, ¿habrá más posts así, como los de antes?
- Sí, pero dentro de la bañera.
- Menos mal.
- Me llamo Eneas, padre.
- Qué casualidad, como mi hijo Aquiles.
- Es que los hijos de ahora no son como los de antes. Antes eran otros tiempos. Recuerdo que podías ir a un bar con tres mil pesetas y salir con tres mil pesetas después de no haber comido nada en absoluto.
- Menudos eran aquellos restaurantes.
- Menudísimos. De tres centímetros cúbicos cada uno, sin contar el postre.
- Los postres de antaño... Se cocinaban a fuego muy lento, lentísimo. La mayoría de las veces llegaba tarde y teníamos que empezar el baile sin él.
- Padre...
- Dígame, señor vizconde.
- ¿Usted vivió la Guerra de la Independencia?
- Sí, varias veces. La última vez estuvimos a punto de independizarnos, pero el Rey Alfonso III el Tercero no pudo venir y tuvimos que tirar todo el melocotón en almíbar.
- Pues menos mal, porque a mí me gustan los toros más que a nadie.
- Menudos toros. De tres centímetros cúbicos cada uno, sin contar el postre.
- Tenían incluso cuernos. Y volante, pero eran volantes médicos y no conducían a ninguna parte.
- Mira, hijo, ahí has estado bien. Ese juego de palabras me ha gustado. Lo voy a apuntar antes de que se acabe este post.
- El post se acabó hace un rato, doña Inés. Esto son los anuncios.
- Y dime, Gertrudis, ¿habrá más posts así, como los de antes?
- Sí, pero dentro de la bañera.
- Menos mal.